La otrora negación de los congresistas a tratar el tema de la eutanasia propuesto por el Senador Armando Benedetti deja mucho que desear de nuestros honorables, quienes argumentan en nombre de Dios y todas las fuerzas invisibles su armamento de prejuicios y supersticiones que enceguecen ya la muy medieval visión de los Colombianos que en materia de entender lo humano se han quedado con la nueva granada y sus rezagos de superchería polarizada.
"La constitución habla del derecho a la vida, no del derecho a la muerte" espetó una senadora, argumentos de todos los Provida, que defienden al niño, al enfermo, al demente y al anciano a brazo partido, pero hasta ahí les llega el impulso, ¿como vivan? no es problema de ellos, la vida despojada del concepto de dignidad, la vida soportable, la vida abundante de deseo para ser vivida, la vida como una persona, y no como un despojo.
Ellos no se han colocado en la cama del enfermo que sufre un intenso dolor y una lenta agonía, que espera días sin noches el momento en que la muerte calme su dolor, de aquellos que han visto sus fuerzas menoscabadas, tumbados ahí como vegetales, no han sentido en carne propia el momento en que las horas se vuelven días y los días eternidades, donde la compañía ya no cura, de esa posición miserable de excretar y secretar sin voluntad propia, de perder toda autonomía de convertirse involuntariamente en una carga tan pesada que ni ellos mismo pueden ni quieren llevar. solo quieren escapar de una situación que no tiene mas punto de retorno, que no tiene mejoría acelerar el inevitable proceso, morir como hombres y mujeres, y no en ese degradante proceso de descomposición que destruye y anula todo lo que pudieron llamar vida.
Estos enfermos terminales, estos necesitados de la reivindicación de su derecho a vivir dignamente, necesitan sentir que la vida fue digna hasta el ultimo día y no abandonados como costales de basura a merced de la podredumbre vulgar del descuido, libres de la inquisición de los ojos que les miran condenables por negarse a perpetuar el suplicio de su lento viacrucis, como si los homo sapiens estuviéramos en deber sagrado de recorrer cada día con una pesada cruz que nadie mas quisiera llevar.
¿Porque negarse a ver la vulgar realidad? la eutanasia se relaciona con suicidio, y se estigmatiza, pero la vida, carente de significado, exenta de su esencia no tiene entonces ningún sentido, acudo al uso de la razón y la lógica mas allá de los temores primitivos y los argumentos plagados de máximas inflexibles que no dejan lugar a dudas, porque al final, cuando la duda les invade, no resisten una vida digna.


No hay comentarios:
Publicar un comentario