martes, 11 de febrero de 2014

La flor y el señor muerte

En una ocasión el señor muerte paseaba por los jardines de un país violento, allí se divertía cortando los tallos de las vidas de los hombres y los cegaba a millares, llevaba una cosecha enorme de almas, hombres, niños, jóvenes, mujeres, doncellas, que pasaban de su rosado sanguíneo a  a un morado cardenal y luego se extinguían en un gris tierra, la muerte los miraba a los ojos mientras se vaciaban y se convertían en cuencas vacías, adoraba ver sus entrañas reventar y sus miembros secar, pero allí en ese lugar estaba una flor...

No crecía como un tulipán, ni se abría como un girasol, no tenia pétalos como una rosa, simplemente era una flor de indescriptibles colores como el arcoiris que refleja la lluvia, no olía a Nardo, ni azucenas, ni margaritas, ni claveles, ella solo olía a mujer a todas las mujeres, a una en particular, entonces señor muerte se enamoró hasta perder la razón.

Hincado en sus rodillas  adoró con sus ojos la belleza de la flor, la tocó y sintió su suave piel, como solo el amor puede sentirse al tacto, entonces besó sus pistilos que se secaron de inmediato, sin pasar al cardenal, sin llegar al gris tierra- se evaporó, Oh triste y esquiva belleza que evadió el beso de la muerte.

Entonces en medio de las flores y del campo de batalla que le hacía feliz, lloró, consternado tocó sus manos, y se arrancó los labios, dejó de dormir y de comer, y como no podía morir, fue siempre Asi la imagen propia de la muerte.

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