miércoles, 2 de abril de 2014

Una mala racha


Nadie quisiera acordarse de las cosas “malas” que pasaron en la vida, y menos cuando ellas traen consigo recuerdos fuertes, traeré a colación un poco de mi vida privada, como saben muchos, sufro de trastorno de pánico, y en los últimos años ha empeorado, sobre todo los últimos tres años, cuando comencé la medicación, hace dos años exactamente comencé la medicación, y hace un año por fin me dijeron que podía dejar la medicación, eran tres medicinas, clonazepam, fluoxetina y trazodona, para abandonar la trazodona tuve que pagarme unas vacaciones que aún estoy pagando, dejar el clonazepam no fue tan difícil en esa época, al final solo quedaba abandonar la fluoxetina, fue en diciembre de ese año que la deje.

Recuerdo que ese diciembre fue especial, podía dormir tranquilo, y despertarme muy contento, pero cuando comencé a trabajar, me di cuenta que no podía quedarme dormido, ni con los tés de hierbas que me preparaban,  así que volví a la especialista, que me mando un somnífero, aun cuando conseguía dormir, comencé a sentir las sensaciones de la ansiedad, hormigueo, taquicardia, entumecimiento de las manos, dolor intenso en los miembros, me deprimía, lloraba sin razón, y sentía que me iba a morir, soportaba todos estos síntomas yendo al trabajo, me decía a mí mismo que pasaría, y que lograría superar esa etapa, fue un lunes, al volver del trabajo, cuando todos los síntomas aumentaron, y no sentía que fuera a mejorar, así que mi amigo Luis me dijo “¿te pasa algo parcero?” y yo le dije “parce, no resisto más, no puedo con esta ansiedad”…
Me acompañó a urgencias ese día, el doctor me remitió a mi eps, y en la eps el doctor de turno me dijo que lo que tenía era un síndrome de abstinencia de las medicinas, que reaccionaban después de un tiempo prolongado de ausencia, me aplico suero porque me veía demasiado deshidratado, y me puso un somnífero, no poco estaba hablando con él, cuando desperté con mi ropa en la cama, eran las 11:30 pm y no sabía cómo había podido parar ahí. Lucho me lo contó todo, como soy pesado, el no pudo cargar conmigo, así que llamó a mi hermano, mi hermano se disgustó mucho y peleo con el médico, porque en su opinión, yo no tenía nada, y no eran más que paradas mías, y el médico le dijo que yo estaba sufriendo mucho y que necesitaba descanso, creo que no soportó verme en ese estado, sedado, como inconsciente y tener que cargarme hasta el segundo piso de la casa, nunca me di cuenta de eso.

Al otro día, al despertar todos, él se sentó en una silla, y me gritó, que él tampoco dormía bien, que el tenía muchas preocupaciones, pero no por eso corría al médico a que lo inyectaran, y que yo no tenía ninguna preocupación, porque yo no tenía familia ni hijos, ni responsabilidades, que yo podía controlar eso, me sentí muy mal, porque en verdad sentía que no podía controlarlo, y que me estaba haciendo la vida insoportable, hasta el punto de pensar que si eso no se solucionaba, yo me colgaba de la primer cuerda que encontrara, mi hermano quería que yo volviera al trabajo de una vez, aunque el médico me había dado la orden de descansar esa semana, la discusión se puso muy acalorada porque yo no creía que mis males fueran imaginarios.
Los que toman fluoxetina saben que las primeras semanas son las peores, porque primero comienza por subir la ansiedad, así que para rematar, comencé a sentirme peor, pero a soportarlo sin decir una palabra, en las noches tomaba mi clonazepam, y trazodona de nuevo, pero esta vez en menos cantidades, por decisión propia, la trazodona lo hace sentir a uno como zombie, alienado, y el clonazepam apaga esos impulsos nerviosos como la sensación de caída al espacio, nunca recuerdo haber visto a mi familia más angustiada por mí que esa semana, no quería hablar con nadie, no quería saber de nadie, y en más de una ocasión pensaba que si las cosas no mejoraban, sería mejor ponerle fin a mi vida.


Creo que ningunos de los que padecemos trastornos mentales o emocionales queremos sentir esas cosas, ni queremos vivirlas, ni queremos sentirnos enfermos, queremos llevar una vida normal, una vida feliz, sentir el control de nuestras emociones y pensamientos, a no ser discriminados, a ser comprendidos, ahora he comprendido que llevara más tiempo de lo que pensaba aprender a vivir con esto que me tocó, y que aún tengo muchísimo por aprender, el día más triste de mi vida,  uno de los más triste fue, cuando descubrí que de mi familia muy pocos comprendían que para mí era un infierno pasar por eso, y no era mi deseo volver al médico, pero no podía seguir soportando más ese sufrimiento. Necesitaba ayuda, y la necesitaba urgente.

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