Últimamente lo hago con frecuencia, creo
que a veces lo hago para comunicarme con seres ancestrales, esos caminantes de
viejas épocas que pasaban sus días y sus noches huyendo del hambre, tal vez
para hallar la paz que no puedo hallar encerrado en mi habitación, pegado a la
pantalla del computador, lo hago para estar con el mundo, para estar en
contacto con el aire, el sol, los sonidos, hasta alcanzar cierto agotamiento.
No comprendo porque, pero siento cierto
grado de fastidio cuando las personas me interrumpen en ese momento, me
saludan, o se cruzan a mi lado, otros dicen algo que no quiero escuchar, la mayoría
de las veces no quiero oír las cosas vacías que tengan que decirme, no me gusta
escucharlos burlarse de mi caminar, o de en qué ropa lo hago, no me importa lo
que piensan, en ocasiones parece que quisiera borrarlos de mi mente, y que se
callaran sus estupideces, audífonos en mano prosigo hasta mi meta, no importa cuántos
metros o kilómetros recorra, quiero estar solo, pero no en el mismo
lugar, no estático en una cama que me roba la vida.
Toma tiempo darse cuenta que se puede
recorrer mucho a pie, pero que no se puede huir de sí mismo, siempre todo
estará allí, aunque la sensación mas maravillosa es cuando ya no los escucho
hablar, cuando no tengo que soportarlos, y por fin he coronado una soledad, una
transitoria, una donde el silencio no es estático, donde siento que el universo
respira, y no entiendo lo que me dice, solo me dejo llevar, no quiero que nadie
interrumpa ese momento, ni siquiera yo.
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