-Akitoshi, ¿dónde estamos?
-Hozumaru! estamos en el infierno!!
-¿cómo puedes asegurar eso? hace poco estábamos
conduciendo por el túnel norte, haciendo carreras, luego el carro perdió el
control, ¿no estaremos en coma?
-¿y cómo crees que puedes hablar conmigo?
este frio, esta oscuridad, la sensación de que todo está perdido, este es el
infierno Hozumaru, asimílalo, y aquí estaremos toda la eternidad...
-No siento ni mis piernas, ni brazos, no sé
si estoy de cabeza, o como estoy, Akitoshi, toma mi mano, no quiero quedarme
solo...
-Ya es tarde Hozumaru, estas solo, yo tan
siquiera estoy en el mismo lugar que tú, te hablo desde otra dimensión, desde
otro lugar donde solo me llega tu voz...
-y ¿qué haremos toda la eternidad?
-Eso es lo terrible, solo revivir
recuerdos, sin dormir, sin comer, sin descansar, la vida se nos presentara como
un laberinto de puertas sin fin del que no se puede salir...
-Cállate Akitoshi, no quiero escucharte más,
cállate de una vez, esto no me tranquiliza...
-Ya es tarde, nunca estuve contigo, ese es
tu infierno, un lugar que no supiste ordenar, tú mismo lo has creado, no hay
diablos ni fuego eterno, no hay condena, no hay nada más que tu...
El eco de sus pensamientos rebota en la
caverna fría donde resbalan sus angustias, en su cabeza, separada de su cuerpo
por la cuchilla de una grúa varada, esa noche dos madres llorarían la violencia
de la muerte de dos niñatos irresponsables.
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