Una tarde de esas donde las nubes rojas se hacen ver al lado
de las negras y las grises, la familia a orillas del mar esperan
que pase el tiempo, dorándose la piel, Mamá decide cerrar un poco los
ojos, mientras los niños arman castillos de arena a lado de ella, con esa arena
dorada que solo aparece en las películas, bajo la sombra de un árbol duerme una
siesta.
Al abrir los ojos, la mueven las multitudes en masa que se abalanzan
sobre el agua, hacia un solo lugar como los peces atraídos por la comida, ella
se percata que algo está sucediendo, se mueve por curiosidad, pero luego
se percata que es algo más que una simple curiosidad "¿que está
pasando?" pregunta, le responde alguien entre el público "un
ahogado" no ha visto a sus hijos, así que una premonición angustiosa
le llena los pulmones, y la arrastra al centro del mar, así como aquel pequeño
que encuentra su fin en brazos de las olas, corre, grita, salta para evadir el
agua que la entorpece "mi hijo", y allí esta, en brazos del
socorrista "mamá, no me vuelvo a alejar de la orilla", el ahogado está
vivo.
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